Crónica paranormal: La mujer del taxi

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Cuando Pedro Zapata* salió a trabajar en su taxi a las 5:00 p.m., como lo hacía de costumbre, jamás pensó que ese día se llevaría el susto más grande de su vida y una experiencia terrorífica que jamás pudo olvidar.

Siempre se ha dicho que los taxistas, vigilantes y demás personas que trabajan en turnos de noche, en diversas ocasiones han sido testigos de diferentes situaciones paranormales. Por lo tanto, son los más indicados para dar fe de la existencia de fantasmas y fenómenos que suelen aparecer en horas de la madrugada, mientras las demás personas descansan.

Todo sucedió en Cali, en julio del año 1998; era un miércoles común y corriente cuando Pedro se subió a su taxi a recorrer las calles de la ciudad, con la esperanza de conseguir el sustento para llevar a su hogar.

Este hombre salía a trabajar generalmente en turnos de noche, puesto que, había menos competencia, menos tráfico y generalmente resultaban buenas carreras. Además, consideraba que era mucho más agradable porque no tenía que lidiar con el incesante sol que diariamente azota a ‘La Sultana del Valle’.

La noche pintaba muy bien para este taxista caleño, ya que, siendo más de las 10:00 p.m. había transportado a varios a pasajeros. Su próxima parada lo llevaría al barrio Versalles, lugar en el que dejaría a un hombre que había recogido en otro lugar de la ciudad. Tras recorrer las solitarias calles de este sector, logró ver a una joven mujer que extendió su brazo solicitando el servicio, e inmediatamente se detuvo a recogerla. 

A Pedro no se le hizo raro que la mujer estuviera sola en ese sector, ya que, aún no era tan tarde. Lo que sí le pareció bastante extraño, fue que a través del retrovisor pudo apreciar que el rostro de su pasajera lucía pálido, además cuando él intentó entablar una conversación con ella de manera amigable como lo hacía generalmente con sus pasajeros, sus respuestas eran cortantes y mantenía la cabeza agachada.

Después de haber pasado por ese incómodo momento, finalmente llegaron al destino de la misteriosa pasajera: una casa ubicada en el barrio Alameda. La mujer se bajó del taxi, le agradeció a Pedro, pagó la carrera y se despidió. 

«Seguí mi camino en la búsqueda de nuevos pasajeros nocturnos, pero cuando iba más o menos sobre la Carrera 1ra con calle 44, sentí un frío intenso en la piel, de esos que te dejan helado por completo, una vaina muy rara, ¿si me entendés?. Luego, al mirar por el retrovisor, la muchacha que recién había dejado en esa casa, estaba sentada ahí atrás. De una pestañeé y al abrir los ojos, la vieja ya no estaba. Nunca me había sucedido algo así», afirmó Pedro.

Luego, al mirar por el retrovisor, la muchacha que recién había dejado en esa casa, estaba sentada ahí atrás. Clic para tuitear

La sorpresa

Terminó su turno y se fue a descansar, pensando en que lo que había sucedido no era nada más que una alucinación producida por el cansancio. Su esposa le hizo caer en cuenta que muchas veces la mente juega malas pasadas e intentó convencerlo de que eso era lo que seguramente había sucedido. 

Al día siguiente volvió a salir en su taxi, pero esta vez con una inmensa curiosidad respecto a lo que había pasado: «Por mera curiosidad, me dio por irme pa’ Alameda y pasar por esa casa en la que dejé a la mujer la noche anterior. Ponéle que eran más o menos las 8 de la noche cuando pasé por ahí. Me detuve y pude ver a muchas personas conversando afuera», sostuvo Pedro

«Me bajé del taxi medio asustado y me fui acercando sigilosamente para despejar las dudas que me estaban invadiendo. Mirá, mono, casi me orino en los pantalones al darme cuenta de una sorpresa: en esa casa estaban realizando un funeral. Los nervios se apoderaron de todo mi ser, pero aún así me seguí acercando y no me quise quedar con la duda, así que, me fui derechito a ver el ataúd que estaba en la sala de esa casa. Adentro había una mujer, la misma a la que hace menos de 24 horas había recogido. Mirá, mirá, todavía se me eriza la piel», me decía el taxista.

Cuenta Pedro que, inmediatamente se echó la bendición y le preguntó a una de las personas que se encontraban ahí, qué le había sucedido a la mujer. Según lo que le contaron, había fallecido en un accidente de tránsito ocurrido la noche anterior.

A partir de ese momento, Pedro tuvo que pasar por varias terapias psicológicas, puesto que, en diferentes ocasiones llegó a tener pesadillas y le costaba conciliar el sueño.

Pasó bastante tiempo para que Pedro pudiera superar lo que le sucedió y nunca más quiso conducir de noche. Este taxista, actualmente tiene un taller de mecánica en la ciudad y alterna su trabajo haciendo carreras en su taxi de vez en cuando, algunas de ellas en la noche, pero no hasta tan tarde.

«Cuando me preguntan sobre lo sucedido, se me eriza la piel al recordar ese día; y soy hasta masoquista, ¿oís?, a veces veo películas de terror con mi mujer. ¿Y sabés qué, mono? ¡De qué las hay, las hay!». Concluyó Pedro, deseándome buena suerte en mi camino.

Nota:

La historia me la contó un taxista hace algunos años, afirmándome que lo que vivió esa noche fue real, con total seguridad. Por mi parte, puedo decir que me dejó impactado y le pedí que me dejara compartir su historia en algún momento.

Espero que les haya gustado, y si tienen historias parecidas envíenlas a través de nuestras redes sociales o de nuestro correo: contacto@calibacana.com

*Se colocó este nombre, porque nunca le pregunté el suyo.


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